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Primero se hizo el caos

Rehabilitar una casa antigua es toda una aventura. Imagínas como quedará el proyecto pero inevitablemente sabes que te queda un largo camino por recorrer hasta finalizarlo.

«Algunos caminos hermosos no se pueden descubrir sin perderse» #erolozan

Lo primero decir que esta decisión la impulsa el deseo de volver a rodearme de lo esencial, y volver al mundo rural.

La buena noticia es que el verdadero proyecto es el camino, una casa nunca se termina en realidad, vive con cada uno de nosotros mientras la moramos y a veces incluso despues. Y emprender el camino de recuperar algo que te merece el respeto de cuidarlo, de entenderlo, es mucho más que construir, es imprimir valor a lo que uno hace y es la razón de ser de este proyecto.

Al final muchas de las cosas de las que nos hemos desconectados desde niños forman parte intríseca de nuestro entorno habitable. Se trata de la piedra, el barro o en otros lugares la madera, materiales que en la infancia llama nuestra atención y nos cuesta poco tocar, modelar o retorcer para construir cosas. Esa base tan primaria y esencial perdura en el imaginario y es como se construye en la mayoría de lugares del mundo de forma ancestral, tradicional y humana.

És la construcción una de las actividades que estando más en contacto con nuestras necesidades, con la función y con el uso que hacemos de los hábitats que moramos, esta a la vez más alejada, en general, de nuestras propias habilidades.

Habilidades que con el tiempo en el mejor de los casos se han convertido en opiniones o intereses para algunos, en profesiones de vida para otros, pero como pemanente usuarios de nuestro espacio-cobijo, incluso los profesionales apenas pongamos atención en las cosas pequeñas, no las nuevas sino las que siempre han estado allí.

Este proyecto será mi hogar, y esta la futura puerta de mi casa.

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