Técnica

Técnica, habilidad o producto

Esta exposición conceptual expone muchas de las cosas que me han llevado hasta aquí como diseñadora de producto industrial. Una profesión desconocida donde las haya.

Cuanto más admiro la casa y la experimento, más entiendo el concepto oficio, habilidad y técnica personal. Algo que mi primer contacto con el sector de la construcción en algo que me incumbe, me devuelve la gran desconexión humana que tenemos con esta realidad.

Sin quererlo nos hemos convertido en máquinas, y ahora las máquinas se quieren convertir en nosotros.

Ahora ya existe un producto para todo lo que antes era una habilidad y un oficio. Es decir lo que está allí en la casa, no responde a ninguna empresa, ni siquiera a una consultora técnica, ni tampoco a algún maestro de la albañilería actual que haya traspasado su maestría hasta el presente. Y seguramente la respuesta obvia sería por el pasar del tiempo pero en realidad es por como el tiempo a pasado.

Los techos de cañizos, la disposición de las vigas de madera, los marcos, las puertas, los muros de piedras, la excavación de la bodega, la puerta de hierro del horno… Todo ello son el resultado directo de las acciones de personas, y no de la colocación o aplicación de algo sino ese resultado es exactamente lo que hacían y lo hacían bien.

Me atrevo incluso a creer que las tejas se hacían en el mismo lugar con un horno temporal como muchas de las masías catalanas de entonces, posiblemente por el aparente humilde origen de la casa, igual procedían de otro tipo de institución de cooperativas.

Es decir todo lo que ha dado forma y estructura a esta casa, y a muchas de las que aun resisten en el tiempo son fruto del saber hacer.

Ahora la pregunta obvio es quien sabe hacer este tipo de cosas, y la respuesta es justa la que quiero descubrir. Por que de ante manos y conociendo perfectamente el colectivo para el cuál se han diseñado todos y cada uno de los productos que he «trasteado» todos estos años, muchos pueden pensar que era el consumidor final para el cuál se derivaba todo el marketing emocional que promovía la compra. Cuando en realidad el gremio sabe que lo que los aplicadores no entienden o entienden con incentivos, lo habitual es que no se dispusiera en ninguna casa.

Y la razón es el desconocimiento, o la pereza que da un trabajo tan «físico» porque incluso grandes arquitectos poco implicados con la parte material, siempre han derivado el objeto final de la construcción a técnicos y estos a paletas.

Cuando me encuentro en estas tesituras, lo que me viene a la mente es que no he comprado la casa aun suficientemente lejos, ni suficientemente aislada del mundanal ruido.

Y lo que le digo al «paleta» de turno es que si hubiera querido una casa de hormigón apareada no me hubiera comprado esta casa o tal vez ninguna.

Sigo al encuentro de técnicos con habilidades, porque como podéis imaginar de producto ya entiendo yo.

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