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¿Qué es un presupuesto?

Seguro que tenemos una respuesta rápida para ello, pero una reflexión más profunda nos puede dar las pistas para que no solo sea un presupuesto lo que te lleva a aceptar una oferta, sino que salga bien. Siendo esta valoración bi-direccional.

Un buen profesional es aquel que es capaz de cuantificar bien aquello que provee a otro.

Eso define no solo al presupuesto sino especialmente a quien lo hace. Así de sencillo y ocurre ( a veces) que lo común en el mundo de las reparaciones y rehabilitaciones es que exista una «falsa» creencia además muy extendida, que afirma que lo normal es que las condiciones, el entorno, las circunstancias y demás hagan que eso no sea posible.

Y afirmo con la sabiduría que me da la experiencia, que incluso en proyectos de la envergadura de construir una fábrica, o un proceso industrial que obvio también suponen variables más complejas que una rehabilitación de una casa o edificio. Con una buena comprensión del proyecto es misma regla se cumple.

Un presupuesto incluso bien gestionado debería y podría ser menor de lo pre-establecido y no al revés.

¿Por qué?

La primera causa es el desconocimiento propio, del que necesita o solicita una actuación de este tipo de profesional a un segundo. Si tanto ellos como nosotros admitiéramos que sabemos más de lo que admitimos, las valoraciones serían mucho más exactas y transparentes de lo que habitualmente son, es decir.

» Esto es lo que yo creo + esto es lo que creo yo = situación que implica a ambos»

Aquí surge una característica típica del sector y de otros muchos sectores que crean cadenas, que son los intermediarios, que en una transacción en realidad hayan más de dos personas. Es lo que en el mundo de la edificación se conoce como constructor, o «capataz» es decir : Persona que tiene por oficio dirigir y vigilar a un grupo de trabajadores, algo obvio por la envergadura de muchas de las actuaciones en un inmueble pero que no debe darse por hecho, sino analizarlo previo a la presupuestación de nada. Entonces la pregunta que nos deberíamos hacer, y a la cual debemos obtener una respuesta concreta, es si tu interlocutor es el trabajador, la persona directa que va ha hacer la acción, o como digo es el capataz o el que la va a dirigir.

Y para nada digo que una obra de rehabilitación no deba ser dirigida, sino definir y concretar quien la dirige al principio del proyecto porque este es quien controla el plan, y no acabar en un lamentable conflicto de intereses planeados. Todo ello con la mejor de la intenciones, el plan debe ser de uno:

Acéptalo o delégalo.

Este tema no solo se refiere directamente al costo de lo que sea que se tenga que hacer, sino que para mi está relacionado con quien tiene realmente el conocimiento del proyecto, no solo para valorar el presupuesto sino para ejecutar correctamente la obra contratada. Esa distinción es muy conveniente diría imprescindible conocerla de ante mano, quiero decir que tu interlocutor ha de comunicar cuál es su condición y tu decidir que es lo que te conviene.

Cuando uno no quiere saber, y quiere que otro sepa por él, esa condición también debe ser aclarada desde el principio, como todo en la vida, todo tiene dos direcciones.

Si la consideras tu casa, tu sabes lo que realmente quieres y sino preguntas, ese es mi consejo, nunca dejes que nadie te haga ver lo contrario, acéptalo tú. Por qué eso es lo que crea la dependencia, y supone que él / ella se convierta en algo que te complete y que se convierta en imprescindible y que a veces no te entienda, que es también lo habitual.

Otro punto imprescindible es la confianza, y las buenas primeras impresiones son positivas, pero como dice mi hermano la confianza te la ganas. El diálogo es la única manera de compresión, así también como las ganas de entendimiento.

Al final cualquier cosa que compartamos, que tengamos que pedir a otro para que nos haga algo que no sabemos hacer nosotros, es la base de nuestra sociedad, y esa transacción se ha de hacer con la máxima transparencia posible, y sobretodo dejar que la otra persona no solo tenga opciones para decidir, sino no entrar en el «juego del montón» que dicen los asiáticos y estar hablando de problemas de entendimiento en vez de soluciones constructivas.

Tanto para los que dan como reciben , pedir honestidad, transparencia y colaboración en ambas partes es lo más adecuado.

Así que te parecerá extraño pero la primera pregunta que te has de hacer para emprender este tipo de proyectos es:

¿Sabes lo que quieres?

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