Historia de la construcción

Muros de ladrillos siglo XIX

Arquitectura siglo XIX en zonas urbanas europeas denominada arquitectura del ladrilo.

Una profesora de secundaria me dijo una vez que no había nadie que conociera tan bien el arte mudéjar como yo, se llamaba Nuria, y seguramente gracias a su atención pudo ver en mi trabajo escolar se podía la pasión por lo observado.

Sea este estilo rupturista que muestra aires de modernidad el que bebe de dos fuentes principales, la industria y el denominado estilo neo-mudéjar concretamente en España.

La arquitectura europea del ladrillo del XIX, refleja y explica muchas cosas no tan solo del ladrillo, recurso antiguo e histórico de los sistemas constructivos murales en mampostería (masonery) con bloques que inventa el ser humano para construir su hábitat.

Un ladrillo es un tipo de bloque rectangular largo y estrecho de diferentes proporciones, de arcilla seca, que se utiliza para construir muros, pavimentos y otros elementos en la construcción de mampostería.

Fuente

En realidad, esta Arquitectura de Ladrillos del XIX puede entenderse como una respuesta popular a la precedente arquitectura culta clasicista y un intento aperturista de ampliar la poco democrática arquitectura social las emergentes ciudades / industria europeas, ambos ámbitos empezaron visiblemente a convivir en entorno híbridos urbanos entre oferta y demanda. En ella, el gusto y saber hacer de los maestros artesanos y los albañiles plasman su deseo de autenticidad propio, se van incorporando a ese paisaje híbrido, ajustándose a las sencillas leyes del aparejo, y conciben «su arquitectura» cargándola de valores morales y locales.

Será también que el «objeto-producto-módulo» permite poner la atención más en su aplicación que en su ejecución. Y las florituras empiezan a emerger de fachadas, cornisas, dinteles y otras terminaciones, cada vez más conseguidas gracias a las crecientes mejoras de las características técnicas a la compactación y por ende la compresión y su capacidad de carga. Además del poder de atracción formal que significa disponer de la exactitud de la copia que la floreciente industria del ladrillo refractario de tono rojizo ( hierro y fuego) a través de «galleteras» de galleta, silos, extrusiones, moldes… ahora secados en grandes hornos, antes secados al sol. Todo ello sin duda influye en tomar un elemento pobre y porque no vulgar para el clasicismo de forma llamativa y dejarlo visto a modo reivindicativo. Mostrar, sin tapar, intentar no pintar, ni rebozar con ningún otro material, que no fuera el ladrillo visto.

Pero volvamos al estilo mudéjar que hace referencia a la mezcla de técnicas, tradiciones y formas de hacer especialmente reflejadas en la arquitectura que combinan las tres culturas que convivieron durante siglos en la península ibérica. Para resumirlo mucho se da del siglo XIII al XV y tiene sus áreas de representación más importantes en Toledo, Andalucía y la zona fluvial del valle del Ebro, dos de las zonas justo entre las cuales me encuentro ubicada desde hace más de un año entre el maravilloso Guadalquivir y el Delta del Ebro.

Fue más tarde aquí de nuevo en la península, tras años de historia menos tolerante a la convivencia, que mantenido ese muestrario vivo y patrimonio artístico increíble se recuperaron las ganas arquitectónicas de mostrar de nuevo ese estilo en lo que hemos definido como neo-mudéjar. Es a finales del siglo XIX y principios del XX y coincide con este estilo que hoy nos ocupa La arquitectura denominada del ladrillo se enmarca dentro de las corrientes orientalistas y revisionistas de la arquitectura historicista imperante por aquella época, y ya unida a la potente industria Europea.

«Dejad vuestras paredes lisas y desnudas, no las enyeséis con mentiras».

John Ruskin 1819-1900

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