Historia de la construcción

Arcos árabes siglo X

Es sin duda Madīnat al-Zahrā una ciudad brillante como reza su traducción en árabe desde su inauguración en 936, y duró escasos 80 años bastión Omeya de Abderramán III a los pies de Sierra Morena, cerca del Guadalquivir y a 8 kilómetros de la capital califal por excelencia Córdoba.

112 ha (intramuros) que quitan el aliento a cada paso, a cada piedra que admiras cuando la visitas, y si es en una tranquila tarde ligeramente lluviosa de invierno, con escasos visitantes la experiencia de escuchar los pájaros la hizo si cabe aún más mágica y hermosa. Es fácil imaginar la grandiosidad y la belleza del diseño del lugar, cómo y para que fue construido por gloria y presencia de su califa. Este sin duda con un especial y sensible espíritu formal, y más que estético místico.

Hacía tanto tiempo que quería ir a verla, que seguramente me es imposible relatar todo lo que significó esa visita, incluso sentí como si ya reconociera el lugar.

Y venía de pasar la mañana por la «pintoresca» y admirada Córdoba un lugar que no me cansaré de visitar en todas las ocasiones que pueda, son además época de patios y fue imposible resistirme.

Pero bien fuera con mi persistente interés por las construcciones antiguas que esa serie de imágenes reflejan bien mi admiración por sus sistemas constructivos. La estabilidad de los arcos me fascinan soberanamente, valga la redundancia.

Los arcos árabes dispuestos en el gran portal de acceso a la ciudad, y paso obligado de los visitantes de antaño, son un total de de catorce efectistas y monumentales arcos abiertos. Salvo el arco central que tiene perfil de herradura, los demás son escarzanos sobre grandes pilares de comunicación. Las dovelas mantienen la colorista alternancia blanca y roja del la arquitectura emiral y califal.

El arco califal cordobés tiene un estilismo único y espiritual. El arco es una solución estructural de apertura a muro, que resiste las cargas que actúan sobre ella trabajando exclusivamente a compresión, minimizando todo lo posible los esfuerzos de flexión. Da esa sensación aérea de ayuda, de contacto y de soporte unido y conformado por sus parte. En cuanto que el material se intercala con las dovelas superiores, y se mezclan insertos volumétricos que en el caso cerámica a la vista quedan las hileras de ladrillos, la sensación de aguante y sujeción es aun más particular si cabe, o al menos a mi me lo parece.

El contrafuerte enmarcado, ya sin techo y sin muro, apuntando al cielo, y la imposta descansa sobre un capitel decorado que a veces hace olvidar que los romanos llegaron primero. El arco de herradura alcanza su máxima expresión durante esa época de arquitectura omeya de esplendor del Emirato de Córdoba es una forma a menudo más cerrada que la del arco visigodo (especialmente a partir del siglo X); lo que le imprime esa sensación única además de la ya comentada alternancia de dovelas rojas y blancas.

No puedo sino anotar aquí la extraña coincidencia que emerge últimamente entre mis dos tierras de acogida e investigando sobre la tipología de arco, descubro que uno de ellos se encuentra sorprendentemente expuesto en la Sala I del Museo Diocesano de Tarragona, con el número de inventario D-0157, obvio que es de obligada visita cuando regrese.

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